
En realidad, prefiero la ciencia a la religión. Si me dan a escoger entre Dios y el aire acondicionado, me quedo con el aire.
humanismo sanador


en este instante estamos a punto de despertar, estamos tremendamente cerca de nuestro presente y misteriosamente solemos dejarlo escapar entre nuestros dedos.




Antiguamente, al entrar en presencia del emperador de Japón, el subdito debía sentir estupor y temblores.
Esto mismo debió sentir el anónimo fotógrafo que tomó esta imagen de un tsunami de 32metros, que unos segundos mas tarde acabó con su vida.
¿Alguna vez nos hemos topado con algo tan grande en nuestras vidas?
Todo el mundo habla de religión, política, amores... pocos saben lo que significan estas palabras en lo profundo. Solo un muro de agua descomunal que arrase nuestras costas interiores podrá sacarnos de nuestro habitual anonadamiento. Estamos dormidos, necesitamos ira mar adentro a encontrar nuestra ola. Nos está esperando.






Podría decirse en un primera aproximación, que es la actitud natural que desarrollan los seres vivientes para hacer justamente lo que les corresponde y así encajar en la simbiosis de la vida, lo cual permitirá a las diferentes especies, sobrevivir, permanecer y cumplir su cometido. Lo impecable estaría ligado a los pensamientos, palabras y obras en los que el sujeto procura el bienestar, el gozo, el disfrute, la alegría, la concordia, la solidaridad, la creatividad, el entusiasmo, la fe. Ser capaces de crear una “sinfonía de amores” que dé lugar a una “melodía de especie” capaz de ser tan transparente, que la luz pasara a través de ella y con ella irnos, que nos transportaran a otros espacios de conciencia, a otros niveles de Vida. Para ello tenemos que estar muy ligados a lo Divino, muy sintonizados con el Amoroso Eterno que nos contempla y que interviene. Necesitamos de la Oración como mecanismo de auxilio permanente, para poder desarrollar un criterio ante todo ese aluvión de señales, de indicios, de noticias, de dimes, diretes, de un sitio, de otro y aspirar a proyectarnos en lo infinito. Buscar la impecabilidad a la hora de hablar, a la hora de vestirse, a la hora de lavarse, a la hora de comer, a la hora de expresarse, en todo momento.
La impecabilidad, hoy, requiere un esfuerzo especial, quizás sea el darse cuenta de lo importante y de lo insignificante que es cada uno, las dos cosas a la vez. Importante porque tus acciones repercuten en todos, insignificante porque todo va a seguir contigo o sin ti. Y sé de mi influencia en lo cercano y en lo lejano, pero sé también, que sin mí se reorganiza todo de otra manera y sale otra cosa. A la vez soy imprescindible y prescindible.
Es lo impecable, la posición más cercana al reflejo divino, la posición más virtuosa, capaz de realizar la conversión, capaz de realizar lo imposible, capaz de vivir en la redención permanente, con un suspiro de alma que realmente ama amadamente, ¡impecable! |




Cuando el ser está desanimado, desganado, desaliñado, sin dar nada… Está lleno de parásitos de la más diversa índole… el parásito del sueño, el parásito de la cabeza, del colegio, el económico, el de la rabia, el de la envidia, el de los celos… Hay que desparasitarlo. Lo que se lleva es decir que todo está mal y que nada tiene remedio, la crítica, el chismorreo, hablar mal de los demás. ¡Preocúpense! ¡Obsesiónense! Todo menos animarse Quizás el ánimo sea el “mayordomo del alma”. Sí, alguien que no se desanima, no se embarga por la desidia, con todo debidamente en su puesto, sin error ni fallo, con interés, con sonrisa, con proyectos… pero también con una secuencia, una armonía, un prestigio, una garantía, una cortesía. A-ni-mo, fíjense, lleva dentro el A-mo… ¡curioso! ¿Quién derrocha el ánimo? ¿Quién derrama el ánimo? ¿No será que el ánimo procede de las instancias creadoras, de las instancias divinas y es inevitable que lo tengamos y es un imperativo categórico el ejercitarlo?¿Dios es ánimo o es un muermo que está ahí colgado de la pared? Hay que tener ánimo para que esta Creación esté en ebullición y se mantenga con la fuerza y el dinamismo que tiene un día y otro. Hay que tener ánimo para amanecer un día y otro, tantas veces… Ánimo que viene de Dios, que es el que gesta las almas. ¡Ánimo!, que tienes un mayordomo impecable, con memoria excelente, dispuesto a vivir y a dar sentido, sentido y sentido a todo lo que se… cuece, a todo lo que se hace. ¿Podría ser estar durante algunos días, cinco por ejemplo –acortemos la semana- con ánimo y dos días, desanimados? Dos de mala leche, de resaca del ánimo… ¿Lo dejamos para el sábado y el domingo? ¿Qué les parece? Pero de lunes a viernes –es una sugerencia- el ánimo, animadísimo… Cada cual sabe lo que le gusta a cada cual… ¡Así de fácil! ¡Anímense!
Amen. |
