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04 febrero, 2010

If you don´t move, you get fat


Humanidad enferma

La humanidad está enferma. La mayoría pasa hambre, la minoria obesidad, diabetes... La mayoría carece de todo, la minoría sufre de abundancia... En nuestro lado del pastel, la gente está cada vez peor. Es cierto que comen, van bien vestidos, tienen de todo, pero se sienten fatal. Dejo a continuación una interesante reflexión de Isalbel MC  que merece ser leida y pensada.



Se refiere, según Illich, a la destrucción del potencial de las personas para afrontar sus dificultades y vulnerabilidades. Curiosamente este fenómeno se dá en una sociedad de bienestar que ha supuesto sin duda, una mejora en las condiciones de vida. Esto conlleva un rebajamiento del umbral de tolerancia para las dolencias y una elevación de la exigencia de confort.
Cada vez vivimos en un mundo mejor y sin embargo cada día nos hacemos más intolerantes al dolor, al sufrimiento; a fin de cuentas, a las cuestiones inherentes de la vida y exigentes de un bienestar en una carrera sin fin que nos lleva de nuevo al malestar. La gente vive en una cultura que lucha como si de una guerra se tratase contra el dolor, la enfermedad, el sufrimiento, la muerte y todos ellos son empeños destinados al fracaso.
Una cultura que avanza beligerante contra las condiciones de la vida, convirtiéndolas en enfermedades. Nos hemos vuelto tan intolerantes que cuestiones cotidianas como son un despido laboral o una ruptura emocional cursan con episodios de depresión; un exceso de trabajo mal enfocado nos lleva a niveles de estrés que afloran en verdaderas consecuencias de tipo orgánico. Este exagerado culto a la salud convertido en objetivo de vida ha reemplazado la cultura moral dominante de la sociedad cambiando así la religión por la medicina. En esta nueva cultura saludable prolifera toda serie de terapias alternativas, chamanes, leyes espirituales de éxito, cursos de introspección para conectar con tu yo verdadero,… a fin de cuentas no es más que una alienación hacia una nueva moda.
“Creo que es una verdadera enfermedad conservar la salud con un restrictivo régimen”.
Con el conocimiento científico y el desarrollo tecnológico hemos llegado a desarrollar una sociedad de bienestar y con ella el surgimiento de nuevas enfermedades y sobre todo cuestiones que antaño eran supuestos morales o divinos convertidos en trastornos. Todo esto conlleva al reciclado de los profesionales de la salud que no se si con tanta campaña de prevención de la salud se está llegando a una somatizacion de la sociedad o realmente es que hay una creciente demanda de dichas enfermedades. En el aire dejo la tan famosa pregunta ¿Qué fue antes el huevo o la gallina?

15 diciembre, 2009

Medicalización


La cultura nos proveyó durante milenios con conductas adecuadas para prevenir y enfrentar las enfermedades, gran parte de las cuales formaban parte de la “medicina familiar”. Si esta no funcionaba, se recurría al curador profesional, medico u otro. Entiendo que un medico estuvo presente en mi nacimiento, hecho raro para la época, explicable por la profesión de mi padre. Luego recuerdo una consulta con el mismo medico a los 10-12 años por una herida profunda, y luego el siguiente medico que me examino era por el reconocimiento para el servicio militar. Para todo lo demás la medicina familiar fue suficiente.

Somos ahora seres aculturados y medicalizados, el recuerdo de la medicina familiar solo provoca sonrisas, ya que para todo debe acudirse al consejo del medico especialista, el dermatólogo para el caso del protector solar, y tantos otros.

El sociólogo Illich desarrollo extensamente el tema en los 70, al que llamo “expropiación de la salud”, recomendando la destrucción de la medicina como la medida mas importante para mejorar la salud de la humanidad, y aunque sus tesis fueron exageradas, crearon un movimiento importante de revisión del concepto “medicina, cuanto mas mejor”, vigente en esas épocas dentro de lo que podríamos llamar el paradigma del progreso indefinido en salud de la mano de la ciencia.

Sabemos ahora que medicina es mejor lo justo, ni menos, pero tampoco mas, aunque será difícil desmedicalizar a la población, y menos aun si al estar medicalizada genera ganancias para alguien.

Protectores solares y la expropiación de la salud

Por Alfredo Zurita

04 diciembre, 2009

¿Quién cuida al cuidador?


Esta pregunta debería estar en la mente de todos aquellos que cuidan. Para cuidar hay que partir de una posición de cierto equilibrio. No hacerlo así comporta graves riesgos tanto para el cuidador como para los que son cuidados por este.



Una revisión de The Lancet recuerda que los médicos no son buenos ocupándose de su propia salud o la de sus colegas, y analiza una posible asociación entre la mala salud del profesional y una peor atención al paciente


Los autores concluyen: “En última instancia, cada médico obtendrá un beneficio personal si cuida mejor de sí mismo. Dicho esfuerzo probablemente hará que esté más satisfecho con el trabajo y que mejore su bienestar general, reduciendo la probabilidad de que experimente una sensación abrumadora de estrés y agotamiento. También las organizaciones que dan empleo a los médicos se beneficiarían al tener una asistencia sanitaria más productiva y eficiente junto con un menor absentismo, menor renovación de personal y menores problemas de contratación y retención. Y quizás los propios pacientes se beneficiarían al mejorar la calidad de la asistencia”.

En el Foro Mundial de Líderes de Salud, celebrado en Taipéi el 9 pasado de noviembre, la Dra. Dana Hanson, presidenta de la World Medical Association, habló de la “desesperación silenciosa de algunos médicos”. Hanson instó a la profesión y a los gobiernos a que presten más atención al desgaste de los profesionales, especialmente para eliminar el estigma que éste aún acarrea.

La presidenta concluía que contar con médicos sanos implica pacientes más sanos, asistencia médica más segura y una plantilla más sostenible. “Los médicos no deberían tener que elegir entre salir a flote ellos mismos y servir a sus pacientes”.

Vía Jano.

27 mayo, 2009

Susurro... o ladrillazo


Un joven y exitoso ejecutivo paseaba a toda velocidad en su auto Mercedes 2007, sin ningún tipo de precaución.

De repente, sintió un estruendoso golpe en la puerta, se detuvo y, al bajarse, vio que un ladrillo le había estropeado la pintura, carrocería y vidrio de la puerta de su lujoso auto.

Se subió nuevamente, pero esta vez lleno de enojo, dio un brusco giro de 180 grados, y regresó a toda velocidad al lugar donde vio salir el ladrillo que acababa de desgraciar lo hermoso que lucía su exótico auto. Salió del auto de un brinco, y agarró por los brazos a un chiquillo, y empujándolo hacia el auto estacionado le gritó a toda voz:

“¿Qué rayos fue eso?, ¿Quién eres tu?, ¿Qué crees que haces con mi auto?”. Y enfurecido, casi botando humo, continúo gritándole al chiquillo: “¡Es un auto nuevo, y ese ladrillo que lanzaste va a costarte muy caro! Por qué hiciste eso?”

“Por favor, señor, por favor. ¡Lo siento mucho! No sabía qué hacer”, suplicó el chiquillo. “Le lancé el ladrillo porque nadie se detenía…” Las lágrimas bajaban por sus mejillas hasta el suelo, mientras señalaba hacia alrededor del auto estacionado. “Es mi hermano”, le dijo. “Se descarriló su silla de ruedas, y se cayó al suelo…Y no puedo levantarlo”.

Sollozando, el chiquillo le preguntó al ejecutivo: “Puede usted, por favor, ayudarme a sentarlo en su silla? Está golpeado, y pesa mucho para mi sólito… Soy muy pequeño.”

Visiblemente impactado por las palabras del chiquillo, el ejecutivo tragó grueso el taco que se le formó en su garganta. Indescriptiblemente emocionado por lo que acababa de pasarle, levantó al joven del suelo, lo sentó nuevamente en su silla, y sacó su pañuelo de seda para limpiar un poco las cortaduras y el sucio de sobre las heridas del hermano de aquel

chiquillo tan especial. Luego de verificar que se encontraba bien, miró al chiquillo, y este le dio las gracias con una sonrisa que no tiene posibilidad de describir nadie.

“DIOS lo bendiga, señor… y muchas gracias”, le dijo.

El hombre vio como se alejaba el chiquillo empujando trabajosamente la pesada silla de ruedas de su hermano, hasta llegar a su humilde casita.

Cuentan que el ejecutivo aún no ha reparado la puerta del auto, manteniendo la hendidura que le hizo el ladrillazo, para recordarle el no ir por la vida tan distraído y tan deprisa que alguien tenga que lanzarle un ladrillo para que preste atención.

DIOS normalmente nos susurra en el alma y en el corazón, pero hay veces que tiene que lanzarnos un ladrillo a ver si le prestamos atención.

Tu escoges: Escuchar el susurro… o el ladrillazo.

fuente: el blog alternativo
 
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