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22 marzo, 2010
Avatar
James Cameron nos deja en su última película varios guiños interesantes. Como toda superproducción de Holliwood, va dirigida a todos los públicos, lo que implica un guión sencillo, una feliz historia de amor y efectos especiales. Pero más allá de la superficie hay mensajes a tener en cuenta.
En nuestra sociedad actual, aquejada de varias enfermedades graves es tiempo de parar y reflexionar. Quizá el peor mal sea la prevalencia de la razón personal sobre la razón común, del bien-estar personal sobre todo lo demás, del reinado del ego sobre lo que verdaderamente somos. El precio es alto, hemos perdido la "religazón" con el medio tras perderla con la esfera de lo sacro y con la interior de cada cual.
En consulta atiendo todos los días procesos de sufrimiento que tienen esta raiz. Los seres humanos necesitamos vivir conectados a la naturaleza, al clan (familia, amigos, comunidad) y sobre todo conectados con nosotros mismos. Los sabios, locos y poetas de todos los tiempos nos lo han recordado en cada época. Los artistas saben también de esto y como no, los pueblos que llamamos "primitivos" lo han vivido y lo viven hoy. En este tiempo sería sabio mirarles y aprender de ellos. Nos jugamos la vida y la del planeta.
Los dos caminos que se abren ante nosotros no llevan por un lado a recuperar esa conexión y por otro a laberintos virtuales. En pocos años tendremos la posibilidad de habitar mundos donde poder vivir vidas "más interesantes" lejos de nuestras discapacidades personales. La vieja tentación de querer ser como dioses, y esto hace ya miles de años que sabemos como acaba.
Etiquetas:
concienca,
enfermedad
27 mayo, 2009
Susurro... o ladrillazo

Un joven y exitoso ejecutivo paseaba a toda velocidad en su auto Mercedes 2007, sin ningún tipo de precaución.
De repente, sintió un estruendoso golpe en la puerta, se detuvo y, al bajarse, vio que un ladrillo le había estropeado la pintura, carrocería y vidrio de la puerta de su lujoso auto.
Se subió nuevamente, pero esta vez lleno de enojo, dio un brusco giro de 180 grados, y regresó a toda velocidad al lugar donde vio salir el ladrillo que acababa de desgraciar lo hermoso que lucía su exótico auto. Salió del auto de un brinco, y agarró por los brazos a un chiquillo, y empujándolo hacia el auto estacionado le gritó a toda voz:
“¿Qué rayos fue eso?, ¿Quién eres tu?, ¿Qué crees que haces con mi auto?”. Y enfurecido, casi botando humo, continúo gritándole al chiquillo: “¡Es un auto nuevo, y ese ladrillo que lanzaste va a costarte muy caro! Por qué hiciste eso?”
“Por favor, señor, por favor. ¡Lo siento mucho! No sabía qué hacer”, suplicó el chiquillo. “Le lancé el ladrillo porque nadie se detenía…” Las lágrimas bajaban por sus mejillas hasta el suelo, mientras señalaba hacia alrededor del auto estacionado. “Es mi hermano”, le dijo. “Se descarriló su silla de ruedas, y se cayó al suelo…Y no puedo levantarlo”.
Sollozando, el chiquillo le preguntó al ejecutivo: “Puede usted, por favor, ayudarme a sentarlo en su silla? Está golpeado, y pesa mucho para mi sólito… Soy muy pequeño.”
Visiblemente impactado por las palabras del chiquillo, el ejecutivo tragó grueso el taco que se le formó en su garganta. Indescriptiblemente emocionado por lo que acababa de pasarle, levantó al joven del suelo, lo sentó nuevamente en su silla, y sacó su pañuelo de seda para limpiar un poco las cortaduras y el sucio de sobre las heridas del hermano de aquel
chiquillo tan especial. Luego de verificar que se encontraba bien, miró al chiquillo, y este le dio las gracias con una sonrisa que no tiene posibilidad de describir nadie.
“DIOS lo bendiga, señor… y muchas gracias”, le dijo.
El hombre vio como se alejaba el chiquillo empujando trabajosamente la pesada silla de ruedas de su hermano, hasta llegar a su humilde casita.
Cuentan que el ejecutivo aún no ha reparado la puerta del auto, manteniendo la hendidura que le hizo el ladrillazo, para recordarle el no ir por la vida tan distraído y tan deprisa que alguien tenga que lanzarle un ladrillo para que preste atención.
DIOS normalmente nos susurra en el alma y en el corazón, pero hay veces que tiene que lanzarnos un ladrillo a ver si le prestamos atención.
Tu escoges: Escuchar el susurro… o el ladrillazo.
fuente: el blog alternativo
Etiquetas:
Conciencia,
enfermedad,
Salud
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