
Frecuentemente navego dentro del alma del que busca una salida a su dolor. Nuestros laberintos interiores son bellos, aunque nos pesen y reneguemos siempre de ellos.
Deslizarnos con suavidad sobre un frágil esquife. Acariciar las rocas y asperezas como el agua. Conseguiremos un cauce tranquilo y sin aristas, desde allí podremos animar a palpitar.

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